Un Hombre con Una Misión

By | 27 February, 2014

En 1989 Liaison lanzó su éxito “Man With a Mission” (no confundir con la banda japonesa del mismo nombre) en el álbum debut homónimo del dúo integrado por Tim y Larry Melby, que en el estudio trabajó con músicos insignes como Dann Huff (Giant), Jeff Porcaro (Toto) y Michael Landau, dirigidos por el productor Bill Baumgart (Idle Cure).

Además de mencionar este excelente álbum por el título de la canción, me parece un buen ejemplo de colaboración con personas que no necesariamente compartían la fe cristiana, o que no se identificaban como “artistas cristianos”. Más notoriamente, Jeff Porcaro murió en 1992 debido al endurecimiento de sus arterias producido por su adicción a la cocaína.

En el otro extremo, algo que me llama la atención es la incapacidad de algunos cristianos para interactuar en alguna labor con personas de estilo de vida diferente, o con una fe diferente, o con total ausencia de fe. Menos aún colaborar con ellas en la obtención de algún producto identificable como “cristiano” (libro, película, canción, disco, etc.)

Mi perspectiva al respecto es que todo ser humano es creación de Dios y como tal sus talentos y habilidades son inherentemente dadas por Dios y utilizables para honrar a Dios, aunque la persona no esté consagrada en una relación personal con Dios… todavía.

Imagina las incontables posibilidades de interacción entre artistas que son cristianos y artistas que no lo son… todavía, al compartir escenarios, participar en bandas, sesiones de grabación, eventos benéficos, etc. Esas interacciones tienen el potencial de generar oportunidades para que el cristiano sea una influencia positiva para quien no lo es… todavía. Mejor aún si llega a testificar de su fe con palabras; pero eso no me parece obligatorio en todos los casos (que los hechos hablen más fuerte que las palabras es la opción).

En países de habla inglesa la frase “un hombre en una misión” hace referencia a enfocarse en un objetivo y no distraerse hasta lograrlo. La variante “un hombre con una misión” me da la idea de ampliar el alcance a una forma de vida, no solamente una acción.

“Misión” se relaciona normalmente con el hacer, lo que es necesario realizar para alcanzar el objetivo. Pero creo que la misión cristiana se relaciona más con el ser. Etimológicamente “cristiano”, usado como adjetivo, tiene su raíz en el “ser como Cristo” (o al menos imitarlo hasta cierto punto), según el contexto del libro de los Hechos.

Vivir un estilo de vida misional requiere de una arriesgada apertura al mundo que nos rodea; interactuar con quienes potencialmente influirán negativamente en nuestro andar y pondrán a prueba nuestras convicciones. El llamado a predicar el evangelio trae implícita la obligación de salir de la burbuja aséptica de la religión y estar en el mundo, aunque no seamos de él. Ser sal en medio de la podredumbre y luz en medio de la oscuridad.

En la vida real interactuamos en situaciones comerciales, de estudios, laborales, familiares, recreativas, etc. Por alguna razón, en cualquier otra área de desarrollo, que estas interacciones se produzcan con personas que no compartan la misma fe es algo que se pasa por alto como irrelevante. Pero en el área artística, habitualmente se exige que el proceso de creación y la presentación de la obra final no sean “contaminados” por la participación de personas que no comulgan con el cristianismo.

Hay mucha gente “allá afuera” que no ha decidido no creer en Cristo; simplemente no les hemos dado la oportunidad de creer en él y aplicamos equivocadamente Mateo 12:30: “El que no está de mi parte, está contra mí” (NVI).

La “arriesgada apertura al mundo” de la que hablo, requiere por un lado comprender en profundidad las palabras de Jesús al orar: “No te pido que los quites del mundo, sino que los protejas del maligno” (Juan 17:15, NVI), y por el otro lado poner en práctica el consejo entregado a través de Pablo: “No te dejes vencer por el mal; al contrario, vence el mal con el bien” (Romanos 12:21, NVI).

Volviendo a la letra de la canción “Man With a Mission”, vivir la misión no resulta un sacrificio y no se siente como pagar una deuda, porque somos capacitados espiritualmente para hacerlo, no solo intelectualmente. Es una decisión vivir la misión pero va más allá de la simple voluntad el cumplir con lo que la misión implica. Requiere sólo una ínfima parte de esfuerzo humano y una gran cuota de poder sobrenatural directamente de Dios.

(Publicado originalmente en la revista Líder Juvenil)

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