Conversando Sobre Composición con Ulises Eyherabide (Segunda Parte)

By | 26 February, 2014

Una entrevista con Ulises Eyherabide, arquitecto, diseñador gráfico y músico. Es el vocalista de Rescate, la banda argentina de rock cristiano de mayor proyección internacional. Han grabado alrededor de ocho discos, entre ellos No es Cuestión de Suerte (2000), Quitamancha (2002), Buscando Lío (2007) y Arriba (2010).

En Rescate, además de ser el compositor de las canciones, produce y es el diseñador de la imagen y el arte de todos los discos. Su esposa se llama Christi Sue y juntos tienen dos hijos, Federico y Agustina. Una conversación a las once de la mañana vía Skype.

Noel: Tú como principal compositor de Rescate, ¿le llevas a la banda las canciones terminadas o es que las terminan de escribir juntos?

Ulises: Lo que terminamos en equipo es la parte musical.

Los arreglos, ¿pero las letras o la melodía?

La parte de la letra la llevo yo, para hacer los arreglos llevo la estructura de la canción. La canción tiene estrofa, un coro, un puente, tiene una parte media, o sea, la estructura.

Ajá…

Sí, esto ayuda a que la parte musical se pueda estructurar; lo que dejo es un margen de lo que me falta de letra por escribir y que sumaré cuando esté armada la torta musical. Porque la verdad, cuando yo compuse quizás estaba en otro estado de ánimo, solo con mi guitarra, ¡quizás con un par de máquinas! Entonces, cuando la banda rock le pone otro marco, otro poder, ese margen que yo dejé para la letra quiero sumarlo a lo que ya tengo, cuando te pones los auriculares y se escucha con otro peso.

Pero los demás de la banda de repente te sugieren ideas para la letra o la melodía, ¿o solo ideas para el arreglo?

En mi caso, el resto de la banda, no. Puntualmente en esto de la letra, no. De hecho ni sé si ellos en algún momento han compuesto canciones. Me traen cuestiones melódicas a lo que yo le sumo parte de la letra. Ahí en Rescate la identidad de la palabra está muy focalizada en mi persona. No sé si para bien o para mal, ¡pero es lo que hay! Veinticinco años que estamos juntos, pues ya este matrimonio es así.

Entonces, ¿las ideas que tú llevas al estudio siempre quedan o a veces te dicen: “Mira Ulises, realmente a esta canción le falta energía”, o: “A esta canción no le vemos potencial”? ¿Siempre te las aceptan o te hacen críticas si es necesario?

Yo creo que allí empezó a tallar un poco la función del productor artístico. Usualmente para mí es saludable que los productores artísticos no sean fan de la banda y que no sean cristianos. A mí me gusta mucho que lo que yo diga tenga un lenguaje universal, si yo te quiero decir esto, que de cierto modo lo entenderá un cristiano con su filtro cristiano, pero que la letra no pierda sentido si lo llega a escuchar eventualmente otra persona.

Entonces, el filtro del productor que no es cristiano o que no tiene marcada la cancha con esos parámetros, para mí es muy saludable. Si el tipo me dice: “No te creo”, evidentemente no me cree él ni millones de personas que no son cristianas a las cuales yo les quiero llegar con mis canciones.

¿No te ha dolido alguna crítica u observación a canciones que has llevado? ¿Cómo lo has manejado?

No me dolieron, sí me impresionó algo la primera vez que trabajamos con un productor artístico, con Juan Blas Caballero, para el disco Quitamancha, creo que fue en el año 2003 o 2004. Nosotros veníamos de un disco muy exitoso, fue como el disco que posicionó a Rescate en Latinoamérica allá por el 2000 o 2001. Fue un disco que se llamó No es Cuestión de Suerte, donde había canciones como “Loco” y “Deja que te Toque”.

Ambas canciones son tuyas, ¿no?…

Sí, pero estábamos haciendo Quitamancha, y para nosotros era un desafío porque estábamos cambiando la óptica de un disco, porque teníamos que pelear contra el anterior que había sido hasta ese momento el éxito más grande de Rescate…

Ok…

Se nos conocía por No es Cuestión de Suerte, viajábamos a Latinoamérica por ese disco y por esas canciones. Los primeros videoclips que TBN Enlace pasaba en la televisión eran esas canciones. Codiciar ese éxito con otro disco era riesgoso y nos pusimos en manos de un productor.

Yo lo único que tenía mostrable era No es Cuestión de Suerte. Cuando le mostramos lo que hacíamos, él me dijo — recuerda que él no sabía quién era Rescate ni que éramos más o menos populares: “Las canciones son como buenas intenciones, la performance tuya como cantante y de la banda son de sesionistas, las escucho como amateurs”. ¡Me marcó! Con tres o cuatro cosas uno se cree fuerte porque veníamos de perfeccionar un disco y ya…

Esperabas que te elogiara…

¡Vendimos cincuenta mil copias! Habíamos recorrido ya quince países del mundo, y éramos también una de las bandas más populares de Latinoamérica. Cuando él me dijo eso, que teníamos buenas intenciones y que éramos amateurs, pues entendí que muchas veces el mercado cristiano es un mercado cautivo y eso no significa que lo que es popular equivalga a ser profesional.

La óptica de los verdaderos profesionales a veces es más alta y más excelente que lo que uno conoce…

Bueno, en realidad, en temas así, tú tal vez estás haciendo una alabanza al Señor y te puedes colgar un momento adorando con una canción que dura, no sé, cinco minutos. Ahora, se lo ponés al oído de un productor de hoy y ves que cualquier hit dura entre tres minutos o tres minutos veinte, y el coro tiene que explotar antes de los treinta segundos. Esas son las pautas de la música pop relacionadas con la difusión.

Tu canción va a sonar en la radio y luego va a venir un tema de Shakira, luego uno de Juanes, o sea, tu canción no es solamente una canción de alabanza. Es una canción que está pautada en una radio donde tu canción termina y la que sigue en programación pondrá tu canción al mismo nivel o más abajo o más arriba. Me refiero en sonido y en empuje. Entonces, usualmente, el productor optimiza la eficiencia de lo que uno quiere decir.

Yo vengo de una época en donde quienes hacían música cristiana eran bandas le metían a cada canción un solo de algo y además teníamos el síndrome Torre Fuerte, donde todos eran súper músicos. Siempre tenía que haber un solo de batería, de bajo, un solo de esto, un solo de aquello y las canciones eran…

¿Extrañas…?

Era una época en la iglesia donde los bajistas tenían un árbol colgado… seis cuerdas, ocho cuerdas. ¡Ya no sabían tocar cuatro! Entonces, ponerme en manos de una persona que optimizara el mensaje de esa manera, diciendo: “Se me hace colchón la estrofa, se me hace larga y cuando llega al coro ya estoy dormido. ¿No podrías comprimir eso que me querés decir de una manera más concisa?” Para mí como compositor — y me pasó como arquitecto también — es como una corrección de arquitectura. Te ponen a prueba y estás obligado a defender la idea…

Exacto…

Porque una canción es tu hijo. Tú le preguntás a tu mamá cuál es el chico más lindo del mundo y va a decir que eres tú. Pero tú puedes ser narigón, orejón, ¡lo que tú querrás! Pero para tu mamá eres el más lindo. Entonces, con la canción muchas veces uno pierde la objetividad, porque es tu hijo. Ponerlo en manos de un productor es ponerlo desde otra perspectiva y tienes que dejarte caer en eso. ¡En la realidad!

¿Y hacías los cambios?

Claro, obviamente.

¿No te costaba? Porque de repente uno compone algo que le costó mucho y ahora pedirte que comprimas…

Obvio, uno lucha con eso, pero hoy tengo cuarenta y seis años y también fui aprendiendo profesionalmente a hacer esas cosas. De repente me exijo en eso, de hecho mi próximo desafío — que es lo que estoy trabajando desde hace un par de años, en forma paralela a Rescate — es componer canciones para otros artistas. Ya no sería yo el que cante esas canciones, ¿me entiendes?

Ulises, ¿cuántas canciones has escrito en tu vida? ¿Alguna vez lo has calculado?

No sé exactamente, pero registradas debo tener sesenta, quizás puedo tener cien canciones.

¿Escribes rápido o escribes lento? ¿Cuánto tardas en componer una canción?

Necesito un motivo, si engancho un pedacito de melodía con un pedacito de letra que me suena a hit, esa punta del ovillo, cuando yo la encuentro, el resto fluye. En cuestión de tres o cuatro horas puedo cerrar una canción y tenerla lista como canción. Después la vestimos musicalmente y eso ya lo puede hacer cualquiera.

Dame un ejemplo de canción que hayas escrito rápido y otra que hayas tardado mucho…

Bueno, “Buscando Lío” fue una canción muy lenta para mí.

¿Por qué?

Me tardó mucho tiempo, la hice, busqué un esquema y la retomé como dos años después, casi terminando el disco. Y una canción rápida… por ejemplo “Cómo Decirte que No”, que está en el disco Arriba. Esa canción salió así como un shock, y bueno, es una canción que me gusta mucho. “Buscando Fronteras” también es una canción que salió rápido.

Con “Globos” me pasó que estábamos de vacaciones y mi hija Agustina, que tenía cinco años, salió del mall con un globo rojo inflado a gas. En un momento se le escapó el hilo y ella se puso a llorar desconsolada. Entonces, en ese instante yo no pude hacer nada, porque no podía reponerle el globo y no sabía cómo consolarla. Ya estábamos en el parking y en un momento se secó las lágrimas y me dijo: “Papi, cuando vallamos al cielo, ¿Dios tiene todos los globos que se le escapan a uno?”

Wow…

Obviamente respondí que sí y le dije: “están los globos, están los cometas, están además…” ¡Es que estaba desconsolada! Seguimos en el auto y allí empecé a hacer “Globos” que está en [el disco] Arriba, que dice: “El cielo está lleno de globos escapados, de cometas que no tienen dueño”, etc. Solo tenía eso, ¡nada más! Pero me parecía que tenía fuerza y al mismo tiempo tenía que evitar que alguien dijera: “¡Esa frase suena medio herética! ¿Qué está diciendo este?”

Después encontré algo para defender lo que había dicho, la segunda estrofa dice: “Un corazón de niño, decía mi Maestro; la mente fresca, los ojos bien abiertos”. O sea, lo que quiero con la canción es reivindicar el corazón de un niño porque eso fue lo que Jesús quiso reivindicar cuando le dijo a sus discípulos: “Si ustedes no se vuelven como niños, si no tienen el corazón de ellos, no van a heredar la vida eterna”. Entonces poéticamente la canción tiene una apertura que no resiste la teología. Poéticamente quise decir eso.

Claro…

“Corazón de niño”, dijo Jesús, y con “la mente fresca, los ojos bien abiertos” me refiero a que lamentablemente cuando uno va creciendo va perdiéndole el valor a las cosas.

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